martes, 25 de diciembre de 2012

La simple anunciación por John MacArthur

Si usted no prestó suficiente atención, se le puede haber pasado una de las noticias más importantes del Nuevo Testamento: el milagroso nacimiento de Jesucristo. Mateo lo describió en un solo versículo. Una afirmación tan breve sugiere que nuestro Señor y Su nacimiento virginal no son simplemente una historia fabricada por el hombre.
Un autor humano, escribiendo por iniciativa propia, tendería a describir un evento tan extraordinario de manera más extensa, detallada y elaborada. Pero no así el apóstol Mateo; él agrega otras circunstancias que acompañaron al nacimiento virginal pero el hecho en sí, esta expresado en una simple oración: “Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.”

Mateo dedica los diecisiete versículos previos a la genealogía humana de Jesús, pero sólo esta parte de un versículo a Su genealogía divina. Como el Hijo de Dios, Jesús “descendió” de Su Padre Celestial por un acto milagroso y único del Espíritu Santo; más aún, el Espíritu Santo eligió anunciar esa sorprendente verdad con una breve declaración en una simple oración. Como todo lo que Dios hace, la frase de Mateo contiene un solemne tono de autenticidad. Por contraste, una mentira humana tendería a ser más exagerada, teniendo más material “convincente” que el que se precisó en esta versión inspirada por Dios.

La Escritura nos brinda poca información acerca de María y aún menos sobre José. María era sin duda una joven de Dios, probablemente nativa de Nazaret y de una familia relativamente pobre. José era el hijo de Jacobo (Mateo 1:16) y era un artesano -probablemente un carpintero (13:55). Lo más sobresaliente de él es que: “era justo” (1:19), con confianza salvadora en la llegada del Mesías.

Lo más seguro es que María y José fueran muy jóvenes cuando se comprometieron (“desposaron”). Ella quizás tuviera doce o trece años; y él, no mayor de quince o dieciséis. Algo habitual en esa cultura. Otro aspecto dentro de la costumbre en ese compromiso judío, era su naturaleza vinculante –la sociedad consideraba a ese hombre y esa mujer casados legamente, a pesar de que la ceremonia formal y la consumación fuera un año después. El propósito del tiempo de compromiso, era asegurar la fidelidad de ambos cuando tuvieran poco o ningún contacto social entre ambos.

María y José se abstuvieron fielmente de tener relaciones sexuales durante su período de compromiso, tal como requería el contrato. Eso también estaba de acuerdo con la alta consideración de la Biblia respecto a la pureza sexual; y a los mandamientos de Dios a la abstinencia sexual antes de la ceremonia de matrimonio y para la fidelidad sexual posterior. Por lo tanto, la virginidad de María era un importante factor de su santidad.

Sin embargo, la virginidad de Maria protegía algo mucho más importante que su propia moralidad y su santa reputación. Aseguraba la deidad de Cristo y apoyaba la veracidad de Su enseñanza y trabajos como el Hijo de Dios. Si Jesús hubiera sido concebido por medios naturales -con José o alguien más como padre- Él no habría sido Dios y no habría sido un verdadero Salvador de pecadores. Pero sabemos que eso es absolutamente contario a lo que Dios enseña.

El apóstol Pablo, por ejemplo, fue muy claro y conciso cuando reiteró la verdadera naturaleza de la Encarnación: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4:4). Pablo no menciona a un padre humano porque de acuerdo con el Plan Divino, Dios era Su Padre. Jesús tenía una madre humana (María) para que pudiera ser hombre y se pudiera identificar con lo que significa ser humano (Filipenses 2:5-7; Hebreos 4:15). Y tenía Paternidad Divina para poder vivir una vida sin pecado, cumpliendo de manera perfecta la ley de Dios por nosotros, siendo el sacrificio perfecto para nuestros pecados.

Es cierto que a pesar de los siglos transcurridos después de la Inspiración Divina del Evangelio de Mateo, quien declara que Jesús nació de una virgen, Su concepción milagrosa sigue siendo imposible de comprender a través de la razón humana. Dios optó por no explicarnos los detalles, así como eligió no explicar la creación del universo de la nada, o el modo preciso por el que puede ser Dios en tres Personas. Dios quiere que los creyentes aceptemos muchos de los elementos esenciales del cristianismo por fe. El entendimiento completo tendrá que esperar hasta que estemos en el cielo: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” (Primera Corintios 13:12).

El extraordinario nacimiento de Jesús por John MacArthur

En la Biblia, existen antecedentes de nacimientos extraordinarios. Como parte del Pacto Abrahamico, Dios prometió enviar un hijo a Abraham y Sarah (Génesis 17:19-22). Ambos eran mayores, y habían pasado la edad fértil para tener hijos, y se rieron ante la perspectiva de convertirse en padres; sin embargo, fueron testigos finalmente de la milagrosa llegada de su hijo Isaac (Génesis 21:1-3). En Jueces 13, un Ángel del Señor dijo a Manoa y a su esposa estéril que tendrían un hijo especial. Fiel a las palabras del mensajero celestial, Sansón llegó al mundo; y por un tiempo liberó a los Israelitas de la opresión de los filisteos.
Samuel, el primer profeta, juez final y quien designaba a reyes, también demostró en su nacimiento el poder providencial de Dios. Fue la respuesta a las fieles y perseverantes oraciones de su piadosa madre, Ana, quien no tenía hijos hasta entonces. La madre de Juan el Bautista, Elizabeth, tampoco pudo tener hijos hasta que Dios intervino misericordiosamente cuando ella era mayor de sesenta  años, y la convirtió en la madre del precursor de Cristo (Lucas 1:15-17, 76-79). Pero ninguno de esos nacimientos especiales fue tan sorprendente como el nacimiento del Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

A pesar de que el nacimiento virginal de Jesús está registrado de manera  clara y concisa en las Escrituras, la mente no creyente de la humanidad pecaminosa—resisten aceptar la verdad de su nacimiento virginal, y las doctrinas esenciales de la fe cristiana.

En primer lugar, antiguas mitologías y religiones del mundo falsifican el nacimiento virginal de Cristo con una proliferación de historias extrañas y paralelismos erróneos. Estas historias socavan y minimizan la singularidad y el profundo impacto del nacimiento de nuestro Señor. Satanás ha propagado muchas leyendas, todas con el fin de socavar la naturaleza del nacimiento de Cristo y engañar a las personas para que la vean como otro mito o algo que no es excepcional.

Además, la era científica y el surgimiento de teologías modernas y postmodernas durante los dos últimos siglos, han erosionado la confianza de muchos creyentes profesos en la realidad del nacimiento virginal. (Junto con esa tendencia, ha habido un notable descenso en el porcentaje de "cristianos" que creen en la deidad de Cristo). Pero ese pensamiento escéptico es tonto, y directamente contrario a la enseñanza explícita de los cuatro Evangelios, las Epístolas y el testimonio histórico de toda la iglesia temprana, de que Jesús no fue otro, que el Hijo de Dios nacido de la virgen.

Con esto en consideración, investigaremos las preguntas más importantes sobre el nacimiento de Cristo: ¿Qué enseñan las Escrituras acerca de Su nacimiento, y por qué es importante? Encontraremos las respuestas en esta serie de artículos. ¡Quédese cerca!

lunes, 24 de diciembre de 2012

La respuesta de José por John MacArthur

¿Ha imaginado estar en el lugar de José? Piense en qué problema se encontraba. José, un hombre recto, comprometido con una joven casta. El futuro parecía brillante mientras que planificaba construir una familia con su futura esposa. Pero entonces, él oye la impactante noticia: María está embarazada. Ese era un gran problema para José; especialmente porque él, obviamente, no era el padre del niño. ¿Qué haría usted?
Al principio, la noticia del embarazo de María le trajo a José un doble problema. Él -una persona solidaria y responsable, preocupada por hacer lo correcto- no estaba dispuesto a continuar con sus planes originales una vez que percibió que una parte crucial de los mismos ya no era aceptable. Su dificultad se intensificó, ya que al ser un hombre recto, vivía  preocupado por hacer lo que era correcto de acuerdo a la Ley de Dios. Al comienzo, cuando José se dio cuenta de que María estaba embarazada, sabía que no podía seguir adelante con su matrimonio. Sabía que él no era el padre y, tuvo que asumir que otro hombre lo era.

La segunda decisión difícil de José se refería a cómo debía tratar entonces a María. Ya que era un hombre bueno y cariñoso, estaba dolido por la idea de avergonzarla públicamente (una práctica común en aquellos días cuando una mujer era infiel); y más aún ante la posibilidad de exigir su muerte, según establecía Deuteronomio 22:23–24. No sabemos si sentía ira, resentimiento o amargura, pero experimentó vergüenza por lo que tuvo que asumir la realidad. Sin embargo, la preocupación de José no era principalmente su propia deshonra y vergüenza, sino María. Mateo 1:19 dice:  "José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente".

Por lo tanto, el plan de José era divorciarse de María en secreto, por lo que ella no tendría que soportar la vergüenza en su comunidad si conocían su supuesto pecado. No hay muchos maridos que muestren sentir tal firme y profundo amor por sus esposas. Eventualmente, por supuesto, cuando el matrimonio no se hubiera consumado, todos habrían descubierto que algo estaba mal. Mientras tanto, María estaría protegida de la humillación y la muerte.

El Señor, sin embargo, en Su providencia soberana y maravillosa gracia, intervino directamente y le evitó a José el trauma adicional de concretar sus planes de divorcio. "Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es."(Mateo 1:20). Ese versículo subraya el carácter milagroso del nacimiento virginal y el carácter sobrenatural que rodea todo el evento. También proporciona a José ("hijo de David") y a nosotros la garantía divina de que Jesús tenía linaje real genuino que llegó legalmente a través de José como un descendiente del rey David.

Las palabras del Ángel ofrecen el máximo y más irrefutable testimonio a la verdad esencial del nacimiento virginal y a la respuesta adecuada que José debía tener ante la situación extraordinaria de María.

Batallando con la Soledad de los Días Festivos Por Wayne Stiles

Es verdad, para mucha gente los días festivos traen dolorosos recuerdos. Heridas de la infancia ó pérdidas de seres queridos, pegan fuerte a muchas personas durante ésta época sentimental. Mientras que muchos celebran las alegrías de la época Navideña, muchos otros sufren la soledad que la época trae.
Durante uno de los momentos más desesperantes en la vida de David, el ungido y futuro rey de Israel se encontró huyendo de dos diferentes enemigos –no era precisamente un tiempo para celebrar. Con los filisteos al oeste y el Rey Saúl al este, un David angustiado encontró refugio en la cueva de Adulam (1 Samuel 22:1-2). Desde la perspectiva humana, David estaba solo. Él mismo expresó la manera en que se sintió por medio de una oración:

Nadie me tiende la mano…por mí nadie se preocupa. (Salmo 142:4)
Pero David también dijo, Cuando ya no me queda aliento, Tú me muestras el camino. (142:3)
 
 En Hebreo, la palabra tú, denota un tono enfático, dando a entender que sólo Dios verdaderamente entendió el dolor de David. Desde la profundidad de esa cueva, David exclamó en voz alta, “Tú eres mi refugio” (142:5).

Las palabras de David ilustraron la tensión que hubo entre su afligida alma y su dependencia en Dios.  La soledad extrema a menudo se asemeja a una prisión –como lo experimentó David. Consiguientemente, pensamientos y actos desahuciados emergen. Pero cuando nos sentimos abrumados y solos, podemos recordar que el Señor está presente, y Él está “íntimamente familiarizado con todos nuestros caminos” (139:3). A pesar de la manera en que nos podamos sentir, la Palabra de Dios nos promete que esto es verdad.

Él no nos ha dejado solos.
David, en su ejemplo de vida nos enseña que las épocas de soledad son los momentos en que debemos buscar refugio en Dios a través de la oración. No son momentos de buscar las soluciones del mundo. El Señor constantemente nos enseña esto durante las pruebas, despojándonos de todo, excepto de Él –una verdad que David afirmó: “eres todo lo que quiero en la vida” (142:5 NTV). 

Así es que cuando nos sintamos solos –y quiero decir, verdaderamente solos –necesitamos aferrarnos a las promesas de Dios, las cuales nos dicen que Él nunca nos abandonará…nunca nos fallará…y nunca nos dejará (Deuteronomio 31:8, Mateo 28:20, Juan 14:18).

      La soledad es un llamado de Dios para acercarnos a Él.
  
Adaptado de “You’re Only Lonely” en el libro por Wayne Stiles Going Places with God: A Devotional Journey Through the Lands of the Bible (Ventura, Calif.: Regal, 2006), 131.