lunes, 24 de diciembre de 2012

La respuesta de José por John MacArthur

¿Ha imaginado estar en el lugar de José? Piense en qué problema se encontraba. José, un hombre recto, comprometido con una joven casta. El futuro parecía brillante mientras que planificaba construir una familia con su futura esposa. Pero entonces, él oye la impactante noticia: María está embarazada. Ese era un gran problema para José; especialmente porque él, obviamente, no era el padre del niño. ¿Qué haría usted?
Al principio, la noticia del embarazo de María le trajo a José un doble problema. Él -una persona solidaria y responsable, preocupada por hacer lo correcto- no estaba dispuesto a continuar con sus planes originales una vez que percibió que una parte crucial de los mismos ya no era aceptable. Su dificultad se intensificó, ya que al ser un hombre recto, vivía  preocupado por hacer lo que era correcto de acuerdo a la Ley de Dios. Al comienzo, cuando José se dio cuenta de que María estaba embarazada, sabía que no podía seguir adelante con su matrimonio. Sabía que él no era el padre y, tuvo que asumir que otro hombre lo era.

La segunda decisión difícil de José se refería a cómo debía tratar entonces a María. Ya que era un hombre bueno y cariñoso, estaba dolido por la idea de avergonzarla públicamente (una práctica común en aquellos días cuando una mujer era infiel); y más aún ante la posibilidad de exigir su muerte, según establecía Deuteronomio 22:23–24. No sabemos si sentía ira, resentimiento o amargura, pero experimentó vergüenza por lo que tuvo que asumir la realidad. Sin embargo, la preocupación de José no era principalmente su propia deshonra y vergüenza, sino María. Mateo 1:19 dice:  "José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente".

Por lo tanto, el plan de José era divorciarse de María en secreto, por lo que ella no tendría que soportar la vergüenza en su comunidad si conocían su supuesto pecado. No hay muchos maridos que muestren sentir tal firme y profundo amor por sus esposas. Eventualmente, por supuesto, cuando el matrimonio no se hubiera consumado, todos habrían descubierto que algo estaba mal. Mientras tanto, María estaría protegida de la humillación y la muerte.

El Señor, sin embargo, en Su providencia soberana y maravillosa gracia, intervino directamente y le evitó a José el trauma adicional de concretar sus planes de divorcio. "Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es."(Mateo 1:20). Ese versículo subraya el carácter milagroso del nacimiento virginal y el carácter sobrenatural que rodea todo el evento. También proporciona a José ("hijo de David") y a nosotros la garantía divina de que Jesús tenía linaje real genuino que llegó legalmente a través de José como un descendiente del rey David.

Las palabras del Ángel ofrecen el máximo y más irrefutable testimonio a la verdad esencial del nacimiento virginal y a la respuesta adecuada que José debía tener ante la situación extraordinaria de María.

Batallando con la Soledad de los Días Festivos Por Wayne Stiles

Es verdad, para mucha gente los días festivos traen dolorosos recuerdos. Heridas de la infancia ó pérdidas de seres queridos, pegan fuerte a muchas personas durante ésta época sentimental. Mientras que muchos celebran las alegrías de la época Navideña, muchos otros sufren la soledad que la época trae.
Durante uno de los momentos más desesperantes en la vida de David, el ungido y futuro rey de Israel se encontró huyendo de dos diferentes enemigos –no era precisamente un tiempo para celebrar. Con los filisteos al oeste y el Rey Saúl al este, un David angustiado encontró refugio en la cueva de Adulam (1 Samuel 22:1-2). Desde la perspectiva humana, David estaba solo. Él mismo expresó la manera en que se sintió por medio de una oración:

Nadie me tiende la mano…por mí nadie se preocupa. (Salmo 142:4)
Pero David también dijo, Cuando ya no me queda aliento, Tú me muestras el camino. (142:3)
 
 En Hebreo, la palabra , denota un tono enfático, dando a entender que sólo Dios verdaderamente entendió el dolor de David. Desde la profundidad de esa cueva, David exclamó en voz alta, “Tú eres mi refugio” (142:5).

Las palabras de David ilustraron la tensión que hubo entre su afligida alma y su dependencia en Dios.  La soledad extrema a menudo se asemeja a una prisión –como lo experimentó David. Consiguientemente, pensamientos y actos desahuciados emergen. Pero cuando nos sentimos abrumados y solos, podemos recordar que el Señor está presente, y Él está “íntimamente familiarizado con todos nuestros caminos” (139:3). A pesar de la manera en que nos podamos sentir, la Palabra de Dios nos promete que esto es verdad.

Él no nos ha dejado solos.
David, en su ejemplo de vida nos enseña que las épocas de soledad son los momentos en que debemos buscar refugio en Dios a través de la oración. No son momentos de buscar las soluciones del mundo. El Señor constantemente nos enseña esto durante las pruebas, despojándonos de todo, excepto de Él –una verdad que David afirmó: “eres todo lo que quiero en la vida” (142:5 NTV). 

Así es que cuando nos sintamos solos –y quiero decir, verdaderamente solos –necesitamos aferrarnos a las promesas de Dios, las cuales nos dicen que Él nunca nos abandonará…nunca nos fallará…y nunca nos dejará (Deuteronomio 31:8, Mateo 28:20, Juan 14:18).

      La soledad es un llamado de Dios para acercarnos a Él.
  
Adaptado de “You’re Only Lonely” en el libro por Wayne Stiles Going Places with God: A Devotional Journey Through the Lands of the Bible (Ventura, Calif.: Regal, 2006), 131.